Tonta tontísima
Ya no estoy muy segura si creerle o no.
Ya no sé si lo que estoy haciendo está bien o mal, pero me he caracterizado desde que era una niña por querer hacer siempre las cosas bien, y tratar de hacerlas bien a la primera. Es decir, siempre me he considerado eficiente. Lo hago bien, y rápido.
Pero por alguna razón, éste aspecto de mi personalidad jamás ha ido de la mano con mi vida sentimental o amorosa. Me enamoro hasta el tuétano, caigo rendida a los pies de la persona que logró enamorarme, y vivo en las nubes por todo el tiempo que dure el enamoramiento.
Y lo sigo haciendo. Y sé que una parte mía, la parte intelectual se alerta y puede ponerme a la defensiva en mi contra, chantajeándome y boicotéandome a mi misma. Y no me lo permito.
Creo que la búsqueda de la felicidad de cada uno también tiene un componente muy importante en la búsqueda de una pareja que pueda satisfacer las necesidades que uno pueda tener. Pero cuáles son, en realidad esas necesidades? No se trata de elaborar un currículum o una lista de requerimientos personales cada vez que conoces a una persona, y tras entrevistas y procesos seleccionadores elegir al mejor candidato. Y quizá, si lo hiciéramos, de verdad elegiríamos al mejor postulante? Ahí es donde la razón pierde, valga la redundancia, la razón, y escuchamos a esa pequeña voz que se hace tan, tan fuerte y que nos grita "Ese no! Ese sí! Es lindo!". Y caemos.
En inglés, literalmente se dice "to fall in love", es decir, caer en el amor. Y a veces, eso es lo que siento, muy por dentro. Porque si bien mi alma, mi sonrisa, mis caricias y mis besos dicen que todo está bien, mi sentido común, mis antenitas de vinil detectan la presencia del enemigo.
Yo soy feliz con mi novio, ha pedido mi mano hace un tiempo y estamos buscando todavía la fecha idónea para la boda, y viendo todos los presupuestos y gastos que tendríamos que afrontar. Él con su eterno "no te preocupes por la plata, yo me encargo" y yo siempre preocupándome. Porque la verdad es que, si bien me encantaría seguir sintiéndome la princesa encantada del cuento de hadas, y seguir mirándolo y viéndolo como el príncipe azul con la billetera llena de tarjetas doradas, creo que estoy cometiendo un grave error con esa apreciación...
Y creo que por el momento, no debo de presentar mi carta de renuncia, porque algo, algo no me termina de cuadrar.

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